Hay palabras que en esta casa se dicen en un idioma aunque la conversación venga en el otro. No es una decisión tomada de antemano: se fueron colando solas, primero en broma, después por costumbre. Cuando empezamos a anotarlas en un cuaderno, la idea no era armar un diccionario serio. Era más simple: cada vez que uno de los dos se quedaba trabado buscando el equivalente exacto, lo escribíamos y seguíamos hablando. Con el tiempo el cuaderno se llenó de entradas cortas, algunas con una sola línea, otras con una explicación que ocupa media página.
Lo que sigue es una selección de esas entradas. No pretende ser académico ni representar a nadie más que a nosotros dos. Es el registro de lo que una casa fue construyendo de a poco, con errores incluidos.
Términos de parentesco que no se traducen igual
Empezamos por acá porque fue lo primero que nos hizo ruido. En español, "tía" cubre a la hermana de tu mamá, a la de tu papá y a la esposa de un tío. En mandarín, cada una de esas relaciones tiene su propia palabra, y algunas distinguen también si es del lado materno o paterno. Cuando hablamos de la familia, entonces, no siempre usamos el mismo término: a veces decimos la palabra en mandarín aunque la frase siga en español, porque traducirla como "tía" borra una información que para el otro lado de la familia importa.
El error más común es traducir literalmente y perder el matiz. Si digo "tía" a secas, mi pareja entiende una relación, pero no cuál. Si digo la palabra en mandarín, entiende exactamente de quién hablo. La solución fue simple: dejamos de traducir esos términos y los incorporamos tal cual al vocabulario de los dos.
Expresiones de cortesía que suenan raras al traducirlas
Hay fórmulas de cortesía que, pasadas al otro idioma, suenan exageradas o directamente falsas. Una de ellas aparece cuando alguien ofrece algo para comer: la respuesta corta en mandarín no es un "no, gracias" seco, sino una fórmula que deja la puerta abierta. Traducida palabra por palabra al español, suena a que la persona va a aceptar en cualquier momento. En la práctica, significa "gracias, por ahora no".
Nos pasó varias veces con visitas. Uno ofrecía, el otro respondía con la fórmula, y el visitante argentino entendía que había que insistir. Ahí aprendimos a explicar la diferencia antes de que la situación se repitiera. No es que una forma sea más educada que la otra: son reglas distintas, y conocerlas evita malentendidos que no tienen nada que ver con la buena voluntad.
Nombres de platos que se quedan en su idioma
Algunos platos directamente no se traducen. No porque no exista la palabra, sino porque la traducción no describe lo que es. Un guiso de cerdo cocido a fuego lento con un nombre específico no es "estofado" ni "guiso": es ese plato, con su textura y su punto. Lo mismo pasa con ciertas masas al vapor que en español no tienen un nombre propio y terminan describiéndose con tres o cuatro palabras.
En el cuaderno anotamos cada uno con una línea sobre cuándo se come: si es desayuno, si es plato principal, si se sirve frío. Eso resultó más útil que cualquier traducción. Cuando alguien pregunta qué es, en vez de buscar el equivalente explicamos para qué momento del día se prepara. La respuesta funciona mejor que la palabra.
Gestos que hacen el trabajo de las palabras
No todo lo que anotamos fue léxico. Hay gestos que en esta casa significan algo preciso y que no aparecen en ningún diccionario. Un movimiento de cabeza, una forma de servir la comida, la manera de dejar la taza sobre la mesa: cada uno tiene su lectura y los dos aprendimos a reconocerlos sin necesidad de explicarlos en voz alta.
El cuaderno también tiene una sección para eso. Son notas cortas, a veces una sola frase, que describen qué hace uno y qué entiende el otro. No siempre coinciden, y esas diferencias quedaron anotadas también. Con el tiempo dejaron de ser un problema y pasaron a ser parte del modo en que nos entendemos.
Si tenés una palabra que en tu casa se dice en un idioma aunque la charla vaya en otro, podés sumarla al glosario desde la página de contacto. También podés leer cómo se organiza la cocina compartida en La mesa donde se cruzan dos cocinas, otra nota del mismo archivo.
Quién firma este glosario
El material de esta página pertenece a Dos Orillas Una Mesa, el proyecto editorial que reúne historias de parejas interculturales argentino-chinas en Buenos Aires. No hay una firma individual detrás: lo que se publica acá sale de las entrevistas y del archivo del proyecto.
Las entradas que aparecen en "El glosario que armamos en casa" se editan a partir de las conversaciones mantenidas con la pareja que prestó su testimonio, con su autorización para publicar. El proyecto no atribuye el texto a una persona con nombre propio ni presenta credenciales que no tenga: es un equipo editorial que trabaja con relatos cedidos voluntariamente.
Si querés proponer una palabra para el glosario o contar cómo se dice algo en tu casa, podés escribirnos. Leemos cada mensaje y, cuando el relato encaja con la sección, coordinamos una conversación antes de publicar nada.
Hay términos de familia que se quedaron en su lengua original porque traducirlos los vacía. Decir "hermano mayor" o "hermano menor" no es lo mismo que usar una sola palabra que ya carga el orden, el respeto y el lugar dentro de la casa. La pareja los usa tal cual, incluso cuando la frase que sigue está en español. El error típico es reemplazarlos por un equivalente genérico y perder justamente el matiz que los hacía útiles.
Platos que no se traducen
Los nombres de ciertas preparaciones nunca pasaron por el traductor. Se dicen como suenan, con la entonación aprendida en la cocina del otro, y así quedaron fijados en la casa. Traducirlos por su ingrediente principal, como "sopa de fideos" o "revuelto de huevo", borra la receta, el punto de cocción y el momento del día en que se come. En el glosario cada plato aparece con una nota breve: cuándo se sirve y qué se pierde si se lo nombra de otra manera.
Cortesía que se escapa sin pensar
Hay fórmulas de cortesía que se dicen en un idioma aunque la conversación vaya en el otro. Un "gracias" repetido, una manera de ofrecer algo dos veces antes de aceptarlo, un gesto con la mano al servir. La pareja las anotó porque al principio sonaban raras y después se volvieron automáticas. El error más común es traducirlas palabra por palabra: en español suenan exageradas o frías, y el tono original se pierde.
Palabras que se anotan y se olvidan
El glosario empezó en un cuaderno y siguió en notas sueltas pegadas cerca de la heladera. Muchas entradas se tacharon porque la palabra dejó de usarse; otras se corrigieron cuando alguien de la familia explicó mejor su sentido. No es un diccionario cerrado: es un registro que cambia con la casa. La pareja aclara que cada término vale para ellos y no pretende describir cómo hablan otras parejas argentino-chinas.
Cuando la palabra aparece en una discusión
Algunas entradas del glosario nacieron de un malentendido. Una palabra dicha en el idioma materno en medio de una conversación tensa puede sonar más dura de lo que era, o más suave. La pareja anotó esos casos para reconocerlos después y no confundir un enojo real con una diferencia de tono. El glosario, en ese sentido, también sirve para ordenar la casa cuando algo se dijo rápido y se entendió mal.
Lo que el glosario deja afuera
No todo entra. Hay palabras que la pareja decidió no publicar porque pertenecen a conversaciones privadas o a personas que no dieron su consentimiento. El glosario respeta ese límite: cada término que aparece fue autorizado por quien lo usa y por quien lo escuchó por primera vez. Lo que queda afuera no es menos importante, simplemente no es material para compartir.
Cookies en este sitio
Usamos cookies para recordar tu elección y mejorar la navegación. No hay fines publicitarios ni seguimiento entre sitios. Podés aceptar o rechazar su uso.